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Pongamos el ego sobre la mesa

, 07/02/2012 || Artículos, Renglones propios

Sobre pavos reales, bloggers, elefantes y autores

Estudié diez años en un colegio de monjas que presumían de su humildad (nótese el oxímoron). Entre muchas otras cosas, las josefinas me enseñaron eso, a ocultar mi vanidad y hacerla pasar por otra cosa.

Pero soy un pavo real.

Como me siento tan culpable de serlo (malditas josefinas), a veces me consuelo diciendo: “¿Y quién no?” El otro día mi hermano alivió definitivamente mi conciencia:

–Todos somos egoístas e inteligentes –dijo. (Creo que todo había empezado por un “esa tostada era para mí”, o algo así.) Y luego añadió–: Y no es nada malo.

Es verdad. Es necesario que alguien se ocupe de uno, y quién mejor que uno mismo (esto acabará hablando de literatura y de peleas, no desesperen).

–¿Y las madres? –le dije como prueba de que no siempre somos egoístas.

Ahí mi hermano estuvo dispuesto a hacer una concesión, pero en el fondo sé que esa es otra coartada del egoísmo.

Ya llego: me busco en Google. Tengo activada una alerta sobre mi nombre y sobre “Pomelo y limón” que me hace llegar lo que se escribe sobre mí y no pocas noticias sobre cócteles, dietas de adelgazamiento y noticias del sector de los cítricos. Además, donde no llega mi paranoia, llega mi padre, que es como la madre de la Pantoja pero con conocimientos informáticos y cada cierto tiempo me envía, sin añadir un solo comentario, un enlace a algo que ha encontrado sobre mí en la red.

Podría decir que mis libros son como mis hijos y que cuando me busco en Google, lo hago porque quiero saber qué es de ellos. Pero sería parcialmente falso. Lo que busco es lo mismo que el pavo real cuando vuelve la cabeza: ver el brillo de sus hermosas plumas a la luz del sol.

Pero ¿qué sucede cuando lo que encuentra uno no son unas hermosas plumas brillantes? ¿Qué ocurre cuando la luz -esa luz que emite otra conciencia que no es la tuya sino la que ahora es propietaria de tu libro, de tu hijo, la luz del lector- muestra que tus plumas no son tan brillantes ni tan hermosas como pensabas?

Por fortuna, apenas lo sé. Las críticas a Pomelo y limón han sido excelentes. Salvo dos.

Ante esas críticas, las negativas, uno tiene básicamente dos opciones: pensar que le han iluminado mal, que no han sabido ver el brillo de sus plumas, o bien, hacer el esfuerzo de ver sus plumas bajo esa luz. Y quizás aprender.

Recientemente, en el Reino Unido, comentaristas en redes sociales, blogueros y autores se han enzarzado en críticas, réplicas y contrarréplicas y han llegado virtualmente a las manos. La escritora Danielle Weiller escribía a raíz de una crítica negativa en Goodreads, la famosa red social de libros: “Me pregunto si los lectores se dan cuenta de que a veces los autores los leen y de que pueden sentirse heridos por según qué tonos y comentarios.”

Yo pediría a los lectores precisamente lo contrario, que se olvidaran de que los leemos. No quiero llegar a un blog y leer una reseña “dedicada a la autora que me estará escuchando”. De hecho, cuando leo reseñas de mi libro, me siento un poco mal, una infiltrada, porque esas reseñas no están hechas para mí. Y está bien que sea así. Esas reseñas están hechas para orientar a otros lectores, no para dar masajes en la espalda a los autores, que para eso ya tenemos familia y amigos.

Leigh Fallon, otra autora envuelta en la polémica tras hacerse pública su solicitud dirigida a familia y amigos de que le ayudaran a relegar una reseña negativa sobre su libro a los últimos puestos en Goodreads, se vio obligada a disculparse ante la autora de esa reseña negativa (la misma a la que en su solicitud privada llamó “vaca estúpida”). En su carta le dice: “Tu reseña me dolió. Ya sé que no era un ataque personal, pero hay días en que tengo la piel fina”.

Al final, de eso se trata, del grosor de la piel. Hace tiempo que lo aprendí, y fue un aprendizaje largo y doloroso. Te lo lego, querido lector, autor, bloguero… ser egoísta e inteligente que eres, con el sincero deseo de ahorrarte inútiles sufrimientos: si quieres sobrevivir como pavo real, hazte con una piel de elefante. Y sobre todo, sigue a rajatabla los consejos de Julie Bertagna en el artículo de The Guardian que glosa la reciente polémica: “Porque al final, ¿a quién pertenece un libro? Lo más difícil que debe asumir un escritor una vez que ha publicado su libro es que ya no es suyo… aunque ponga tu nombre en la cubierta y viva dentro de ti. Lo único que te queda por hacer es armarte de valor mientras el libro se abre paso al mundo, ser cortés [stay gracious, dice, con ese bonito matiz de serenidad y elegancia] y ponerte manos a la obra con el siguiente libro. Y si no puedes soportar el acaloramiento de la blogosfera, no te busques en Google”. Amén.

Firmado: Gracious Oro

Ah, y si alguien quiere dejar un crítica positiva o negativa de Pomelo y limón, le agradecería muchísimo que lo hiciera aquí. Creé esta página para dar cabida a críticas feroces y a reales parabienes, y estoy deseando y temiendo que se llenen. Ambas.







Comentarios...

Mara Oliver escribió:

Un capítulo genial de “Más allá de los límites de la realidad” trata de una plaga que ataca a los jóvenes y niños volviendo su piel de oro, los científicos se vuelven locos sin conseguir dar con la cura y al final (SPOILER) resulta que el sol se altera y la nueva piel de los niños será lo único que les proteja (SPOILER), así que mi adorada Srta. Oro, le pido lo mismo que se le pide a Ponyboy al final de “Rebeldes”: STAY GOLD   :)

Jorge Gómez Soto escribió:

El artículo me ha tocado por los dos lados: escritor y bloguero.Yo también tengo alertas con mi nombre y mis libros. Algún amigo me ha tachado de egocentrista por hacerlo, pero es mucho más sencillo que eso. Creo que es muy útil para quien ofrece un producto de cualquier tipo conocer las opiniones de quienes lo han “usado”. Otra cosa es enfadarte con aquellos a los que no les haya gustado. Te dolerá más o menos (según lo fina que sea la piel, como dice Begoña), pero no puedes entrar a rebatir cada argumento negativo que te encuentres, de la misma manera que no debes ir dando la razón a los que te elogien.

Julen escribió:

Lo de estudié en un colegio de monjas que me reprimieron, está un poco visto, en plan película años 70 y tal. Pobres monjas, parece que todo artículo que empiece dándoles caña nos descubrirá una personalidad prodigiosa. Algo bueno debieron de hacer para que escribas tan bien.

Jorge Gómez Soto escribió:

Donde pone egocentrista sustitúyase por egocéntrico. Es lo que tiene publicar un comentario y luego revisarlo. Es como disparar y luego preguntar.

La Oro escribió:

Jo, Mara, qué comentario más… más… bonito. Gracias.Jorge, te daría toda la razón, pero parecería que me estabas elogiando. ;-)Julen, ¡qué mal debo explicarme! Te diría que las monjas no me reprimieron, que me enseñaron muchas cosas, como digo al principio, y que en más de una ocasión se lo he agradecido públicamente (no recuerdo haberles dado caña jamás). Todo eso te diría si tuviera hoy la piel fina. Pero soy un elefante (de personalidad prodigiosa, además) y no me revuelvo ante los comentarios negativos. Aunque… glups, dijiste que escribo bien, ¡era un comentario positivo! Julen, Julen… No sé qué hacer contigo.

Angy.W escribió:

En el fondo, a todos nos gusta buscarnos a nosotros o a algunos de nuestros libros para saber qué opina la gente (bueno, yo no porque no he publicado ninguno xD). Es esa ansia de saber qué les ha parecido y de paso inflarse una un poco con los halagos. Aunque queremos que sean sinceros, en el fondo si leemos una crítica negativa nos duele. Creo que las reseñan han de ser sinceras, pero constructivas. No es bueno criticar por criticar, y tampoco habría que pasarse porque hay muchas maneras de decir una misma cosa. Y sobre todo decir los errores y los fallos, para mejorar.

sfer escribió:

Buf… Voy a imprimir este post, hacer fotocopias, y llevarlo a la próxima tertulia de LIJ para repartir, porque tenemos pendiente hablar de un pitote que se ha montado precisamente por una crítica negativa. Me aseguraré de llevar una copia extra para que se la den también al autor de piel fina que ha venido poniendo el grito en el cielo porque nuestra reseña negativa era el segundo resultado cuando buscaba su libro en Google…

Brizz escribió:

Sobra decir que tengo una cierta impresión de los colegios católicos, mis monjas eran como el bien y el mal batallando en un campo de fútbol, unas nos hacían reflexionar y cuestionarnos los mejores actos humanos, mientras otras sólo las pasábamos como pájaros al comal. Cuando he leído tu artículo me sentí identificada, cuando uno escribe espera que guste, siempre habrá críticas de todo tipo, sólo queda que nos construyamos el mismo castillo de naipes de buenas vibras y enfrentarnos “al que dirán”. Por cierto, ¡Ojalá que tu libro salte el charco y llegue a mi país! 

Cristina Anguita escribió:

No puedo hacer ninguna crítica de “Pomelo y limón” porque todavía no lo he leído, pero sí que puedo decirte que me ha encantado el artículo, por lo que dices y por cómo lo cuentas. Como bloguera, estoy de acuerdo en que las reseñas deben dirigirse a los lectores y no al autor: es la única manera de ser sincero con los primeros y, quizá, ayudar al segundo. Comprendo que a nadie nos gusta que saquen fallos de nuestro trabajo, pero lo suyo es intentar digerir las críticas negativas o directamente ignorarlas, no tomarla con el bloguero (que, al fin y al cabo, al menos ha dedicado su tiempo al libro).Besos.

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