PUBLICACIÓN ESPECIALIZADA EN LITERATURA JUVENIL
EL TIRAMILLA

COLORÍN COLORADO...


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Libros con ínfulas de éxito

Redacción:
Fecha: 11/02/2013

Existen novelas que claramente han sido escritas (o editadas) con ánimo de triunfar entre el público. Utilizando argumentos tipo que llevan funcionando siglos, siguiendo modas… Algunas son buenas, unas cuantas pasables y de otras es mejor ni hablar.

Cuando el nombre del autor ocupa casi media portada y está escrito con una tipografía el doble de grande que el título de la novela, no hay lugar para la duda: se trata de un libro con pretensiones comerciales, al menos por parte de la editorial que lo publica. La puerta oculta, del celebrado Orson Scott Card, se vende como un libro que encandilará a los lectores de Harry Potter y Artemis Fowl, y tiene poco que destacar con un típico héroe adolescente repudiado que resulta ser el único capaz de hacer grandes cosas. Tal vez el planteamiento proponga algunos dilemas morales al protagonista y tenga una cosmología interesante, pero, por lo demás, refleja la esencia de una novela escrita con la intención de gustar gracias a clichés explotados y al nombre de un autor reconocido sin nada nuevo que aportar.

Pero ¿acaso sumarse a narrar argumentos ya vistos no puede llevar consigo algo de originalidad? No, Kendare Blake me lo demostró no hace mucho con su Anna vestida de sangre. A primera vista puede parecer el último romance paranormal tras la estela de Crepúsculo, y sin embargo tiene muchos puntos que me gustaron. Una relación de amor que no roba peso al misterio, situaciones que intentan erizar la piel y algo de magia étnica. Además la prosa de Kendare hace hincapié en descripciones a través de los sentidos e intenta aportar un toque irónico al narrador con respecto a su profesión de cazador de espectros. Espero con ganas su continuación, Girl of nightmares.

Por su parte, Leviathan, de Scott Westerfeld, también es ejemplo de buena novela con intención comercial entre los jóvenes. Un chico y una chica que persiguen ciertos objetivos dentro de una I Guerra Mundial alternativa que cuenta con una perfecta ambientación steampunk. El argumento es interesante, la alternancia entre sus personajes y el ritmo son adecuados, y encima Westerfeld sabe que hay muchos lectores potenciales no iniciados en el steampunk, por lo que va desarrollando esos aspectos poco a poco con explicaciones detalladas, para no perder a nadie entre sus páginas.

No tan bien lo ha conseguido Ransom Riggs, autor de El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares. Aunque bien presentada con las fotografías oscuras y algo siniestras que la acompañan y un argumento a priori atractivo… la novela se queda en un simple aceptable por una razón: el autor parece cohibido. No explota su potencial inquietante hasta el máximo y no es todo lo crudo que debería en momentos que lo habrían requerido, tal vez temiendo no agradar a todos los lectores.

Ese fallo, que en cierto modo también lo sufre La puerta oculta, es el mayor hándicap de muchas novelas comerciales. Y es que no todo lo concebido como comercial es malo, como acabamos de ver, pero sí puede resultar descafeinado cuando el autor se deja llevar en exceso por lo que cree que puede gustar al público, en detrimento de lo que pide la historia o lo que a él le pide el cuerpo escribir.

• El Tiramilla no suscribe las opiniones vertidas por sus redactores/colaboradores/lectores
COMENTARIOS
Alejandro Mora - 12/02/2013

Este artículo me ha encanto. Estoy de acuerdo contigo, por dejarse llevar por historias que “venden”, olvidan cómo fue que llegaron ahí.

Antonia Martínez - 12/02/2013

Por principio no suelo comprar libros precedidos de campañas multimillonarias de marketing o de aspecto típico del best seller de poca o ínfima calidad. Sólo he caído en la tentación de hacerlo cuándo alguien de confianza me lo ha recomendado

Daniel Guajardo - 12/02/2013

Anna Vestida de Sangre me gustó hasta la mitad, pero la leí completa y fue un buen ejercicio. La leí primero por su portada, digo, la portada de la SEGUNDA NOVELA, que llamó mi atención a kilómetros. Así llegué a la primera, que también tiene buena portada, pero no tan buena.
Una buena portada puede atrapar o repeler al lector. Algunas novelas las compré solo por sus portadas, luego me arrepentí cuando las leí, pero me quedo con el arte sobre el cartón.

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